Y los latidos me retumban en el pecho
al momento en que perciben la firma
que dejaste detrás de cada caricia
con las que alguna vez envolviste mi cuerpo.
Tu tacto, perturbado por el pecado,
me desgarra la piel, extirpando a su paso
las raíces del dolor... enriqueciendo mi frescura,
y despojando así a un soñador.
Mientras cante la luna, lléname.
En las cuencas de tus ojos, búscame.
Átame los pies y corrómpeme...
El sentimiento se esfuma y la noche ya no es eterna.
Suave y delicadamente, el telón se desliza.
El silencio, con estruendoso pisar, se acerca.
Un nuevo recuerdo ha nacido
y sólo una lágrima como testigo.
[Foto: de la serie "Sala de Cirujías]
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