No soy ni valgo nada. Soy un medio. Tengo el alma curtida y ensombrecida por la soledad.
Algo duele y mucho, me esta afectando, sin lugar a dudas y no puedo parar de pensar. El miedo me endurece la mente. Siento cómo mi espíritu se desvanece una vez más. No queda nada, sólo una temblorosa sensación de algo carente que resulta esencial.
Desepción. Ellos, aquellos, él... yo, el mundo. Ya no hay más mundo. No estoy segura de su existencia tampoco, ¿por qué habría de existir? Un escenario de diversos decorados, un desperdicio de materiales. No me gusta actuar y mucho menos basada en la improvisación. Creo que una vez más me encuentro en el desierto, hablando con mi mente enferma. Sinceramente, llegué a creer que es verdad. La gente se basa en subir escalones hechos de carne humana, ¿qué puedo decir? soy un escalón más. Estoy para que me pisoteen. Busqué y busqué mil caminos, habidos y por haber para calmar mi llanto. El final es siempre el mismo. Hilos de esperanza que cada vez se vuelven más filosos... y yo los sostengo aunque amerite mi desmembramiento; y a pesar de todo no me puedo ir porque soy una ilusa, porque quiero ver qué pasa, qué va a pasar mañana, quiero saber si finalmente voy a poder ser yo quien repercuta en el mundo.
Quiero ser alguien, conocer con plenitud, hallar refugio, sentir la paz, encontrarme a mí... y después morir.
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